Hasta el último aliento

Y allí estaba, cansada pero satisfecha. Cansada simplemente de su vida, de todos los años que arrastraba consigo; y feliz porque sabía que los había vivido con todo su ser, con toda su energía, con todas sus lágrimas y todas sus risas.
Era una tarde de primavera, la brisa jugueteaba suavemente con las hojas de los árboles, y las flores se alzaban orgullosas de poder mostrar sus colores y formas. Todo estaba en calma. Los pájaros entonaban una melodía nostálgica, tal vez estuvieran tan viejos como ella.
Ella estaba sentada en su silla, meciéndose con los cinco sentidos atados al mundo, por los últimos instantes. Sabía que ya había llegado su hora, y se sintió agradecida de que no fuera por una terrible enfermedad o un mortal accidente. Sus ojos recorrían el paisaje absorbiendo cada color, sus oídos apreciaban la sinfonía de plantas y animales, y su cuerpo se apresuraba por sentir todo a su alrededor buscando guardar las sensaciones antes de que el alma lo dejará para irse quién sabe a dónde.
Empezó a sentir como los latidos de su corazón se hacían más lentos. No dolían.
Vio por última vez la imagen del  bosque en el horizonte acariciado sutilmente por los rayos del sol escondiéndose y cerró los ojos.
Le quedaban pocos minutos.
Empezó a recordar su vida.
Como había nacido y crecido con la ayuda de muchas personas que habían dejado su huella en ella pero que ya no estaban en aquel sorprendente mundo material.
Como empezó a decir sus primeras palabras, sus primeras frases y sus primeros discursos.
Como empezó a gatear, a caminar, a correr y a triunfar.
Como sintió miedo, tristeza, alegría, dolor y amor.
Como ganó y como perdió. Contra los otros y contra sí misma.
Como había entrenado a su memoria para guardar cada recuerdo como algo preciado y único.Recuerdo de su primer día de estudio, de su primer viaje, de su primer trabajo, de su primer beso, de su primera vez, de su primer hijo...
...y de su último beso, su última lágrima, su última risa, su última caída, su última levanta, de hoy: su último día.
Ya no era como el final de cada año. Era el final de su vida. Pero no el final de su existencia.
No sabía lo que se encontraría después de su último latido, así como no había logrado recordar que había antes del primer latido. Sólo sabía que no era malo. Vivió, aprendió y ahora empezaba a sentir la muerte. Es un ciclo. Tal vez habrían más.
El viento era su testigo junto con el sol y las nubes. Las estrellas y la luna no se dejaban ver, pero sabía que ahí estaban, presenciando aquel momento definitivo.
Se sentía feliz.
Tomó su último respiro, sabiendo con certeza que, a pesar de las tristezas, las confusiones y los enfados; había sentido amor, perceptible e imperceptible, hacia la vida y todo lo que esta le había dado...
Hasta su último aliento.

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"Vivimos en un laberinto, donde buscamos encontrarnos a nosotros mismos perdiéndonos constantemente"
Sofia