Alas de naturaleza

Mis pequeñas alas doradas estaban cansadas, les costaba mucho esfuerzo mantener el vuelo; mi suave y menudo rostro estaba manchado por el polvo que levantaban esas máquinas de cuatro ruedas que estaban por doquier; y mi cuerpo estaba machacado, especialmente los pies, que habían estado caminando por las superficies de lo que los humanos le dicen "calles" "avenidas" y no "explanadas" o "hondonadas".
Había estado días perdida en esta terrorífica ciudad en donde los humanos van vestidos con trajes muy incómodos, con cosas muy casi siniestras, a lugares aburridos. No recuerdo cómo llegué hasta aquí.El último recuerdo que tengo es el de quedarme dormida en mi arbusto preferido mientras devoraba unas cuantas bayas.
Por suerte mis 5 cm de estatura y mis cinco sentidos más desarrollados que los de los humanos me permitían pasar desapercibida ante ellos.
Mis pies se hundieron en algo, un charco. Hice una mueca de asco. Ese tal charco estaba lleno de contaminación, como la ciudad. Justo cuando me atrevo a caminar por las calles a tempranas horas de la mañana me pasa esto. Recibí una fuerte oleada de nostalgia al imaginarme mis pies sumergidos en el río, con peces jugando alrededor de ellos... agua cristalina.
Estuve emprendiendo mi marcha a no-sé-dónde muy pegadita a la pared, escondiéndome en cualquier cosa para que ojos curiosos no me captaran. Ya llevaba varios días haciendo lo mismo, y no encontraba nada de zonas verdes cerca.
Nostalgia. Tristeza. Angustia.
Me dirigí hacia un callejón, me escondí en una rama seca y me puse a llorar. Añoraba las verdes hojas del bosque, los fuertes troncos, las delicadas y bellas rosas...
Me quedé dormida, exhausta.
Cuando desperté me encontré montada en una paloma. Era tan blanca que daba ganas de acariciarla con ternura ya que desprendía un aura limpia pero un poco melancólica, sus alas me lanzaban aire, como si quisieran darme todo el aire que alcanzaban para que contrarrestara  el humo que había exhalado. Me dí cuenta de que el aire que respiraba era puro, ya no era el de una ciudad, era el de un bosque.Exhale, aliviada.
Después de unos minutos llegamos a la copa de un árbol, y la paloma se deslizó por una de las ramas depositándome  en ella con cuidado.
- ¿Aquí es? ¿este es el bosque de donde provienes?
Miré a mi alrededor, maravillada. Efectivamente, lo era.
-¡Sí! - dije muy emocionada y la abrace con fuerza deseando demostrarle toda mi gratitud -Pero como sabías que este era...
-Por tu aura -dijo simplemente.
Yo comprendí, al fin y al cabo era un hada.
-No sé cómo agradecerte...
-El abrazo fue suficiente. Dedícate a cuidar de este bosque con tu familia y las demás criaturas, no quiero que se convierta en una de esas ciudades...-dijo con preocupación, tristeza y miedo.
-Lo sé...yo también lo he visto. Es aterrador ¿eh? ¡Pero te prometo que haré todo para que sea así! -concluí para darle entusiasmo.
La paloma abrió el pico en señal de sonrisa y retomó su camino, cualquiera que haya sido... tal vez salvar hadas en apuros, o simplemente volar a lugares lejos de aquellas urbes sofocantes .
Desde ese día supe que los humanos no son tan racionales como dicen serlo, porque si lo fueran cuidarían los bosques, fuentes de vida. O tal vez todo este asunto se reduzca a que las hadas y los humanos somos diferentes... y mientras ellos talen árboles para fabricar cuadernos, nosotros los plantaremos para sembrar vida. Porque las haditas somos así: perseverantes y, todavía, nos sentimos responsable de la naturaleza que, si nos deja, nos vamos con ella.

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"Vivimos en un laberinto, donde buscamos encontrarnos a nosotros mismos perdiéndonos constantemente"
Sofia