Capítulo Seis

Me había quedado dormida pensando en todos los secretos que albergaba mi familia, y de los cuales yo no estaba advertida. Me despertó un terrible dolor en las piernas, como si se quisieran estirar pero mi limitado cuerpo humano no las dejaba. Esperé jadeando. Unos 30 minutos después apareció mi madre y se dispuso a abrir mi ventana y correr todos los muebles para tener más espacio en mi habitación.
- Lo siento, hija. No hay remedios para ese tipo de dolores… -dijo muy pesarosa.
Ahora no sólo me dolían las piernas, sino también los brazos y el abdomen. Mi mandíbula no me dejaba cerrar mi boca  y mis dientes castañeaban mientras mi cuello ejercía una inconsciente presión.
Los dolores siguieron por otra media hora más, y mi cuerpo ya parecía acostumbrarse a ellos… En menos de lo que mis sentidos pudieron percatarse, yo estaba en el suelo de madera en cuatro patas, con hocico y un suave pelaje café oscuro que cubría todo mi cuerpo. Aullé, horrorizada a contemplar mi nuevo aspecto en el espejo. Mi mamá no parecía tan desconcertada como yo, así que se acercó y me acarició queriéndome reconfortar.
La luna llena iluminaba levemente la noche haciéndome sentir que una sensación de poder y de fuerza se apoderaba de mí, haciéndome gruñir. Ya no sentía dolor. Aullé, otra vez, pero esta vez a causa de la libertad que recorría mi cuerpo lobuno.
Rocé a mi mamá, queriéndole darle las gracias acariciándola con mi hocico en su pierna. Salté por la ventana y me impulsé en el árbol para aterrizar en el suelo sin perder el equilibrio.
Troté sin rumbo fijo, pero con cautela. Iba pasando por un árbol muy alto y sentí un olor muy familiar, y, de repente, el sueño se fue apoderando de mí mientras veía ante mis ojos imágenes confusas mientras iba sintiendo como mi mente parecía un remolino.
Veía a Seth caminando hacia mí; me dí cuenta de que yo estaba más joven en aquella visión, ya que tenía el cabello corto, hasta mi cuello. Cuando Seth llegó susurró “Te amo” luego me cogió con la cintura y me besó intensamente... También vi que me encontraba en un bosque, escondida detrás de un árbol mientas miraba fijamente a alguien que enseguida reconocí: Seth. Él parecía tener una leve convulsión en todo su cuerpo, y antes de que mi vista se acostumbrara a ella, ya no había un muchacho de 15 años, había un lobo.
Volví a la realidad junto a aquel árbol que me desprendía aquel aroma… la aroma de Seth.
Desconcertada por las visiones que había tenido minutos antes me devolví a mi casa reuniendo toda la velocidad que mis cuatro patas podían dar. Subí por el mismo árbol y entré por la ventana de mi habitación. Mi madre ya se había dormido.
Sólo con pensarlo insistentemente durante unos 15 minutos logré convertirme en humana. Estaba muy cansada, así que me acosté de nuevo disfrutando el suave tacto de las sábanas y caí profundamente dormida.
Ya sabía lo que iba a hacer cuando me despertara: hablar con Seth.
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"Vivimos en un laberinto, donde buscamos encontrarnos a nosotros mismos perdiéndonos constantemente"
Sofia