Capítulo Uno

Dos años después…

Estaba caminando por la carretera que daba hacia mi casa. Yo tenía 17 años, profundos ojos castaños que hacían juego con mi largo cabello, piel blanca y un cuerpo que poseía unas lindas y pronunciadas curvas.
Nadie había llegado todavía, ni siquiera mi padre que, casi siempre, se le veía por los alrededores. Me puse a hacer los deberes, cuando terminé me senté en el sofá a ver televisión para pasar el rato mientras esperaba.
Pocos minutos después alguien abrió la puerta, mis padres estaban en una conversación, muy serios.
-Pero ¿cómo pueden decir eso? Pensé que esto se acababa  con el paso de los años. Pensé que tú eras el último.
-Lo sé, pero en este asunto las cosas van cambiando, todo es inesperado. Tengo que volver a hacerlo, no saldré herido. Por favor ya no te preocupes.
-¿De qué hablan? ¿Por qué herido? – intervine, preocupada.
Me madre me miró con profunda preocupación en sus ojos, que se llenaron de lágrimas casi al instante y entró rápidamente a la casa.
 Miré a mi padre exigiendo una explicación.
-Lil, tenemos que hablar, pero no ahora. Sólo puedo decirte que estamos así por…tu hermano.
Así que eso era…hoy se cumplían 10 meses desde que mi hermano había muerto cuando estaba en el bosque, pero mis padres me habían dicho que, a pesar de eso, él ya tenía una enfermedad incurable. Había estado intentando no pensar en ello durante todo el día, por lo que la sola mención hizo que mis lágrimas cayeran inmediatamente. Y salí corriendo hacia mi habitación.
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Sofia